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CAPITULO XLV
(Tercera parte)
Y el mismo Pacificador, en documento oficial,
autorizado con su firma y con la del Subteniente José de Ortega, es autor de otra nómina
que también insertamos, la cual existe original a nuestra vista, y dice:
MUJERES CONFINADAS EN
AGOSTO DE 1816
Gobernación Militar
y Política,
Relación de las
personas de esta ciudad de Bogotá que han sido desterradas, con expresión de donde
han ido:
Nombres.
Pueblos.
Doña Gabriela Barriga,
mujer de Villavicencio.................... Anolaima.
Doña Josefa Baraya y
familia............................................ Manta.
Doña Josefa Manrique y
familia......................................... Tena.
Doña Melchora Nieto y
familia............................................ Tabio.
Doña María Josefa
Domínguez y familia............................
Fusagasugá.
Doña Petronila Navas y
familia........................................... Cogua.
Doña Josefa Ricaurte y
familia .......................................... Leiva.
Doña Angela Gama de
Mutis y familia................................ Guasca.
Doña Bárbara (Josefa)
Díaz y familia................................. Fontibón.
Doña Francisca Guerra
y familia ....................................... Ubaté.
Doña Josefa Bailen y
familia.............................................. Simijaca.
Doña Genoveva Ricaurte
y familia..................................... Facatativá.
Doña Carmen Rodríguez
y familia..................................... Tocaima.
Doña Teresa Rivas y
familia.............................................. Soacha.
Doña Manuela Arias y
familia............................................. La Mesa.
Doña Manuela Ibánez (soltera)
......................................... Ocaña.
Doña Domitila Salgar (Silva
y Salgar debió decir).............
Guasca.
Doña Dolores
Vargas......................................................... Facatativá
Doña Bárbara
Ortiz............................................................ Serrezuela
Bárbara Forero es
compañera de la Matilde que se presentó en público a arengar; se preciaba de tener
escuela pública abierta en su casa para enseñar a sus compatriotas bellos modales. Es
natural de Zipaquirá y ha sido desterrada a Suesca.
Santafé,
12 de agosto de 1816.
José de Ortega- Morillo
(1)
La señora Barbara
Forero, que especializa el Pacificador, era una revolucionaria exaltadísima y figuraba en
las conspiraciones republicanas desde los tiempos en que Antonio Nariño publico los Derechos
del Hombre. Ella acompañó en su huida del país a Pedro Fermín de Vargas; estuvo
con él en la isla de Jamaica, y volvió a Bogotá en 1794; entonces fue reducida a
prisión, y figuró en su causa una libranza a. favor suyo por cantidad de 800 reales, que
le enviaba de dicha isla Fermín Sarmiento, seudónimo que usaba Pedro Fermín de
Vargas
(2)
.
En una lista de
pulperos de Bogotá, que contribuyeron a sostener las tropas del Rey con dinero, publicada
en el número 16 de la Gaceta de Santafé, se leen los nombres de nuestro cronista
José María Caballero, a quien le expropiaron $20, de su hermana Manuela y de Bárbara
Forero, la cual fue gravada en $4. Este nombre figura también en las Notarías de
Zipaquirá como propietaria de una casa en 1828
(3).
..... Y quedaron
desiertos los hogares:
Y las míseras viudas,
Petrificadas de terror y espanto,
Sin dar un ˇay! extáticas y mudas
Miraban de sus huérfanos el llanto
(1)
.
También fueron
confinadas a Anolaima doña Benita Nariño de Ortega, doña Trinidad y doña
AntoniaRicaurte, y dona Mercedes y doña Isabel Nariño, las dos últimas hijas del
Precursor
(2)
.
De una lista de mujeres
de la gleba, que estaban presas en la Real Cárcel, en el mes de agosto, formada
por Fernando de Benjumea, tomamos algunos nombres. Los juicios fueron verbales.
Rosalía Pinzón,
pasaporte para Vélez.
Pascuala Lizarazo, se cumplirá la orden del señor Enrile.
Antonia Cano, sentenciada a coser camisas hasta el fin del año.
Micaela Arellano, cosiendo camisas hasta que se case.
Dominga Soler, a limpiar calles hasta fin de año.
Antonia Herrera, a limpiar calles por dos años
(3)
.
Don Miguel de Silva
Otero, padre de doña Natalia Silva y Salgar
(4)
,
casada ésta con don Antonio Nariño (hijo), se hallaba en las prisiones del Colegio del
Rosario, y sus servicios a la Patria serían buenos cuando la pluma acre del poeta decía:
El doctor Silva, que es
Del gran Nariño consuegro,
Tiene las patas de negro
Y los ojos al revés;
Como mira de través,
A todos la está jurando:
Siempre está gargajeando,
Estornudando, tosiendo,
Sonándose y escupiendo,
Refunfuñando y rabiando.
El gobernador Casano
creó una sociedad de señoras, que llamó de Beneficencia y Caridad, para la cual
dictó un reglamento e hizo un discurso, poniendo de modelo a las matronas españolas que
en la última guerra con los franceses habían prestado grandes servicios en los
hospitales. Ya se ha notado que había una gran diferencia entre las Sociedades españolas
de beneficencia, que servían a sus compatriotas, y la creada en Bogotá por el Gobernador
Militar que debía prestar servicios a los verdugos enfermos. Ellas debían surtir los
hospitales militares de camas, ropas, vendajes e hilas, nueva forma de contribución,
cubierta con el falso manto de la caridad cristiana. Además, las señoras que componían
dicha Junta debían distribuir entre las demás mujeres las costuras de los vestidos
militares, trabajo que debía hacerse gratuitamente.
Doña Rosa Castillo fue
nombrada Directora de la Junta, pero como por su edad y sus enfermedades le fue imposible
concurrir al «servicio de los beneméritos soldados de Su Majestad, en los hospitales, y
según consta en la Gaceta número 17, se le impuso una contribución de $100.
Doña Rosa Florido,
hija de don Andrés, natural de Popayán, era rica y cedió sus recursos para que los
independientes compraran elementos de guerra. Ella perteneció en Bogotá a la Sociedad de
Beneficencia, y así empezó su carrera de Hermana de la Caridad, como abnegada enfermera,
que continuó generosamente hasta el año de 1857, en el cual falleció.
Morillo creó
maestranza en el local del antiguo parque de la Artillería. Allí se vio a los artesanos
trabajar en sus respectivos oficios, teniendo como sobrestantes a Sargentos españoles,
hasta avanzadas horas de la noche. Está por demás decir que esas labores eran gratuitas,
y que sólo se les suministraba una mala alimentación.
El Consejo de
purificación, les imponía cuantiosas contribuciones en dinero a los que no pedían
servir en el Ejército español. Algunos de estos patriotas así castigados, los vamos a
citar con las malignas biografías que les enderezó el poeta Caro:
Al vejancón de
Saavedra
(1)
Con su cara de espantajo.
Se le luce su trabajo
Y lo bien que con él medra;
El fue la principal piedra,
Que con ánimo obstinado
Votó que nuestro Prelado
No se admita ni reciba;
Y contribuyó a que viva
Peregrino y desterrado.
Pacho Urquinaona es mozo
De muy excelentes trazas,
Porque tiene unas letradas
Como brocales de pozo;
Desde que le apuntó el bozo
En esto de tomar micas
En bacanales boticas
Nadie le llevó la palma;
Y si no anda con enjalma
Es porque le viene chica.
Manuel su primo es más chico,
Pero de marca más alta.
Y solamente le falta
El rabo para borrico;
Es valiente por el pico,
Y aparenta mucho valgo.
Pero en diciéndole algo
Un hombre de pelo en pecho,
El mundo se le hace estrecho
Y echa a correr como un galgo.
Modelo de majaderos,
Vestido de currutaco.
Con mucho golpe de taco
Es el mulato Ronderos
(1)
:
Con sastres y zapateros
Anda siempre a pescozones,
Aborrece los calzones
De color de atada mula,
Y lo zambo disimula
Con botas y pantalones.
Otro Castillo
(2)
espantable
Hay aquí, llamado el Chato,
El cual es vivo retrato
Del francés Robert le diable.
Y en el odio inexorable
Contra todo chapetón
Que abriga en su corazón,
Con antipatía eterna,
Tan sólo le echa la pierna
El Marqués de Forlipón
(3)
.
En la mañana del 29 de
agosto un extraño grupo cruzaba las calles de Bogotá y tomaba la vía del destierro y el
presidio, por el camino real de Occidente. Los reos iban montados en sillones, esto es, en
monturas de mujer al uso de aquel tiempo, en las cuales, yendo el preso sentado, podía
llevar los grillos y ser atado al mismo sillón con una cadena. Esos reos, que ya habían
trabajado en las obras públicas de la ciudad, estaban destinados a las prisiones de Omoa,
en Guatemala, hoy Honduras, y eran:
Don Pantaleón
Gutiérrez, el patriarca de Bogotá, venerable prócer, de sesenta y un años de edad,
dejaba el cadáver de su hijo José Gregorio, en la Veracruz; lloraba la ausencia de don
Agustín, otro hijo, que estaba a la sazón en Londres sirviéndole a la República, y era
arrancado del hogar, donde quedaba doña Francisca Moreno, su esposa, sufriendo extravío
mental. La ensaladilla tantas veces citada los hería:
Los Gutiérrez,padre e hijo,
Son dos pícaros también,
Mas sobre quién gana a quién
No se ha echado el voto fijo:
A un español que dijo
Ser muy justo que se arguya
Que a España y la causa suya
La protegería Dios,
Le respondieron los dos:
ˇOjalá Dios la destruya!
Otro bogotano de
familia distinguida, don Camilo Manrique, abandonaba también a su esposa, doña Francisca
Caicedo Santamaría. La musa realista decía de él:
Ya es razón que se
publique
De otro pícaro la muestra,
Y que salga a la palestra
El gran Camilo Manrique:
Su figura es de cacique
Y su voz de pregonero;
Sus barbillas de embustero
Y su lengua una cuchilla;
Tiene color de morcilla
Y espaldas de leñatero.
Del prócer don José
Santamaría, también hijo de Bogotá, cincuentón, ex-noble, ex-Presidente del Congreso y
ex-rico, casado con doña Mariana Mendoza, decía el poeta:
El tuerto Santamaría,
Que está a una nariz pegado,
Es el mayor renegado
De toda esta cofradía;
No come más que arropía
Y lo llaman caga-rope,
Otros lo apellidan Lope
De Aguirre. Y es lo cierto,
Siendo un retrato este tuerto
De aquel, ajustado al tope.
Era bogotano don Luis
Eduardo de Azuola, distinguido abogado hijo del Colegio de San Bartolomé, y también
cincuentón; dejaba semiviuda a doña Dolores García Olano, y estaba destinado a empuñar
el bastón de Jefe del Estado, cuando se constituyó la República de Colombia, en 1821.
Hacía igualmente parte
de la triste comitiva don Juan Dionisio Gamba, natural de Bogotá, viudo, antiguo
compañero de Nariño, ex-Secretario de Gobierno y del Tribunal de Vigilancia.
El patriota don Manuel
Pardo, nacido en Panamá en 1759, viudo, fue condenado porque Morillo lo calificaba entre
los primeros revolucionarios, y por haber conducido preso al Virrey Amar hasta Cartagena.
Andrés Rodríguez, el
conocido Secretario de Guerra de la Patria Boba, oriundo de Cartagena, después de sufrir
el grillete cinco años, volvió a Bogotá, donde recibió el presbiterado, y aquí
falleció en 1834, a los setenta años de edad.
Otro cartagenero, el
doctor José María del Castillo y Rada, también recibió el honor del grillete a los
cuarenta años, y dejó en la pobreza a su antes opulenta esposa» doña Teresa Rivas.
Don Sinforoso Mutis,
botánico, nacido en Bucaramanga en Julio de 1773, compañero de Gamba y de Nariño en la
célebre conspiración de 1794 y ex-Di rector de la Expedición Botánica, era otro de los
presidiarios. Doña Angela Gama, su esposa, estaba desterrada.
Y cerraban el grupo el
Oficial de artillería Florencio Ortiz, Estanislao Gutiérrez y Julián Rincón, cuyos
servicios a la Patria han quedado cubiertos por el olvido
(1)
.
Los reos fueron
conducidos hasta Buenaventura y tratados con crueldad por el Oficial conductor, quien los
apareaba con unos mismos grillos. Estuvieron en la cárcel de Panamá, y por benevolencia
del Capitán General Montalvo, en vez de marchar para el presidio de Omoa, fueron a
Cartagena, y allí se les obligó a barrer las calles y a desempeñar otros oficios
denigrantes.
Varióseles el primer
destino, acaso para vejarlos aún más, haciéndolos trabajar en las obras de la plaza a
la vista de sus conciudadanos, que los habían conocido desempeñando puestos elevados en
la República. No fueron menos los padecimientos de los demás patriotas remitidos a los
presidios
(1)
.
Morillo y Enrile
hicieron abrir nuevos caminos, o mejor dicho sendas, por medio de bosques centenarios y en
malos climas, con el fin de castigar y aterrar a las gentes del campo. Las trochas
abiertas en esas montañas pronto se borraron, como consta de la queja que el Virrey
Montalvo dirigió al Gobierno de Madrid. Dirigían esos caminos Oficiales y Sargentos
españoles, que convertían la obra en verdadero presidio, pues hacían trabajar a las
gentes sin descanso, «y cuando algunos no podían más por falta de aliento, los
amarraban a los árboles y los mataban a palos, diciéndoles que era para enseñarlos a
ser patriotas»
(2)
.
El doctor Joaquín
Hoyos, natural de las montañas de Antioquia, había recibido grado en jurisprudencia el
año de 1798, y prestó servicios en los Cuerpos Legislativos de la República. A la
llegada de los pacificadores, vestido de campesino, trabajaba con los labriegos en
Chipaque. Allí llegó un Oficial español, de apellido Campuzano, y Hoyos tuvo la
imprudencia de servir de amanuense al Alcalde delante del Oficial, el cual, enterado de
que Hoyos era un abogado republicano, que andaba por allí disfrazado con tal traje,
resolvió, de acuerdo con sus compañeros, aprehender al doctor Hoyos.
En Bogotá lo mandó
solo a presentarse ante el Gobernador Casano, sin duda con el fin de que se escapara, pues
Campuzano tenía noble corazón, lo que no quiso hacer Hoyos, para no comprometer al
Oficial. A la semana siguiente salía del Colegio del Rosario para el patíbulo, al cual
fue con serenidad el 29 de agosto.
Morillo escribió en su
Relación:
Doctor Joaquín Hoyos,
abogado. Era individuo del Tribunal de Vigilancia, Auditor del Gobierno rebelde, y
desempeño varias comisiones importantes en la revolución contra los derechos del Rey.
Pasado por las armas y confiscados sus bienes.
El mismo día fue
ultimado en Honda Francisco Ramírez
(1)
; en
Buga, el 31, fueron fusilados Carlos Montúfar y el soldado Pedro José Ruiz
(2)
, y en Facatativá se levantaron dos
patíbulos, destinados a Mariano y Joaquín Grillo, padre e hijo, respectivamente.
Antes del 20 de julio
don Mariano había puesto su inteligencia y su cuantiosa fortuna a órdenes de la
revolución, y fue Oficial de las caballerías patriotas. Don Joaquín siguió las huellas
de su padre, y también fue militar. Desde Bogotá fueron conducidos a pie y con los
brazos amarrados. Extraño espectáculo se veía en los caminos en esos tiempos: partidas
militares se cruzaban en ellos, unos trayendo a la capital patriotas que debían ser
juzgados, y otras llevando los que ya estaban sentenciados a muerte al lugar donde debían
rendir la vida, en el cual habitaban sus padres o sus futuros huérfanos. Mariano Grillo
murió a la primera descarga; su hijo, aunque recibió numerosos disparos, no moría, por
lo cual lo ultimaron con machete. Los dos cadáveres fueron sepultados en una fosa común.
El padre alcanzó en las filas patriotas el grado de Capitán; el hijo, el de Sargento. El
20 de Julio de 1911 se levantó un obelisco en una plaza de Facatativá, que desde ese
día lleva el nombre de Plaza de la República: esa obra se había decretado para
conmemorar el centenario de la Independencia. En la cara oriental del monumento se lee: A
Mariano y Joaquín Grillo, padre e hijo, mártires de la Independencia, sacrificados en
esta ciudad el 31 de agosto de 1816.
Los Grillos eran
oriundos de Bogotá, v sus bienes fueron confiscados. En pobreza quedaron doña Jerónima
Ramos, viuda de don Mariano, y doña Josefa Santos, viuda de don Joaquín, y numerosos
huérfanos. La ciudad de Facatativá tributo homenajes ala memoria de estos mártires, en
el primer centenario de su sacrificio
(1)
.
En la misma fecha
apareció el número 12 de la Gacela de Santafé, con noticias de Europa, de Buenos
Aires y Caracas, y con una lista de clérigos que habían contribuido para sostener
el Ejército del Rey, sin dedicar una sola línea a las numerosas víctimas de aquel día,
aunque el redactor de ella, doctor don Juan Manuel García Tejada del Castillo, era
natural de Bogotá y había sido Vicerrector y Consiliario del histórico Colegio del
Rosario.
Tampoco quiso mencionar
ese bogotano realista que, en el mismo día 31, se levantarían dos patíbulos en la vieja
plaza de San Francisco, hoy Parque de Santander. Vamos a visitar en la capilla, en una
aula del Colegio del Rosario, al militar ex-Gobernador don José Nicolás Rivas y al
abogado doctor Joaquín Camacho.
Consignamos en las
páginas 145 y 146 del primer volumen de esta obra que la Hermandad de La Veracruz
guardaba en la iglesia del mismo nombre dos cristos de alto valor histórico, y exornamos
esa página con el grabado que retrata el Cristo de los Mártires. Otro cristo, que aún
existe, está pintado al oleo, en una cruz de madera, y a su pie se ve la imagen de la
Virgen Dolorosa. Esa tabla se ponía en la capilla de los condenados a muerte, sobre el
altar que se levantaba en esa antesala del suplicio. La noble Hermandad velaba los
últimos momentos de los que iban a ser ajusticiados, recogía sus sangrientos despojos y
les daba humilde sepultura en la iglesia que, un siglo después, sería el Panteón
Nacional.
________
(1)
Boletín
de Historia, X, 733. (Regresar)
(2)
El
Precursor, 268. (Regresar)
(3)
L. orjuela, lib. cit., 221.(Regresar)
________
(1) J. J. ortiz, Colombia
y España..(Regresar)
(2) L. marroquín, Centenario
del sacrificio de Ricaurte, 372.(Regresar)
(3)
Boletín
de Historia, x, 734.(Regresar)
(4) J. M. restrepo
sáenz y R. Rivas. La familia de Nariño. Revista del Colegio del Rosario, VI, 49.(Regresar)
________
(1)
Don Manuel Fernández Saavedra.(Regresar)
________
(1)
Don Juan Ronderos.(Regresar)
(2)
Don Antonio Castillo.(Regresar)
(3)
Don Manuel del Castillo, fusilado en Cartagena.(Regresar)
________
(1)
Lista del archivo del General Carlos José Espinosa.(Regresar)
_______
(1)
J. M. restepo, lib. cit., I, 439; M. E. corrales, Anales, cit, 287; F. mutis
durán, D. Sinforoso Mutis, 49.(Regresar)
(2)
J. M. groot, Ub. cit., III, 408.(Regresar)
_______
(1)
Boletín de Historia, VII, 640.(Regresar)
(2)
Boletín de Historia, VII, 704.(Regresar)
_______
(1)
P. A. medina, Mariano y Joaquín Grillo.(Regresar)
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